jueves, 8 de julio de 2010

"POCHA" RAMOS Y JULIO SALGADO

VÍAS AL INFINITO (Entrada ferroviaria a la ciudad de Frías) - Fotografía de Antonio Cruz




PERMISO DE BAILE
(Julio César Salgado)
Nada es más glorioso y más efímero
que tu imagen en esa montura
astróloga casta
converso y memoro tu modelo de indecisa danzante santiagueña
llamando por una ventana incendiada
aspirando el suave humo
de los hornos
alumbrada por tus débiles y sedosas ropas blancas
saludando a un secreto auxilio
que roe desde los ranchos sin
colores de Frías
tu errante narcótico.
Soplo el fuego turbado por tus señales.
Negra oscura fruta
Amorosa
amazona acostumbrada a la mortífera música
atada a las mudanzas en los pisos de tierrar
egateando tus nalgas amaestradas por la canción de las sombras.


Julio Salgado nació en Frías en 1944. Entre sus obras publicadas se encuentran: “Poemas murales”; “Escrito sobre los animales solitarios”; “Agua de la piedra”; “Caja de fuego”; “El ave acuática” y “Trampa Natura”.


LA CASA

Selva Yolanda Ramos
En este reino mío donde creció mi infancia
con sus mitos de siestas, cedrones y torcazas
en esta casa, digo, donde anduve los pasos
aquellos del pesebre, de los sueños en alto,
yo descubrí el secreto de los panes fragantes
y el canto de los pájaros.
Y tengo en mí las manos que guiaron mis manos
las cuatro azules manos de sangre siempre viva
las que me señalaron la ruta de la estrella
y este divino oficio de ceñir los silencios
con lazos de palabras.
Y tengo en mí encendidos los tiempos del milagro
los del amor primero, los de la patria niña
aquellos del misterio, de la simple alegría
aquellos que confluyen en los brazos del árbol.
Y estoy aquí y ahora con mi ilusión a cuestas
y dibujo nostalgias de sus muros bermejos
y en la higuera que sabe de las tardes celestes
hoy busco la certeza de la antigua memoria
que se fue con el viento.
Hoy vuelvo a mis ancestros, a la raíz del canto
a los duende traviesos que aprisionan ausencias
y rescato el poema que se gestó en sus noches
y al hombre inmemorial de las leyendas.
Yo decreto por siempre la eterna primavera
en este reino mío donde el amor palpita.
Yo decreto por siempre que el amor no se muera
y que se encienda el fuego sin tiempo de la espera.
En este reino mío, donde mi tarde llega
yo fui feliz acaso, con sueños de madera.





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